Blanco o negro: defecto argentino
No sé si se habrán dado cuenta, pero los argentinos llevamos todo al terreno de la rivalidad. No importa el tema: si se puede dividir en dos bandos, ya estamos dentro. River o Boca, Maradona o Messi, porteños o del interior, Mirtha o Susana… Siempre hay que elegir. Siempre hay que tomar partido.
Nunca nos acomodamos en los matices y vivimos en alguno de los de extremos. Como si el gris, ese lugar en el que conviven las diferencias, nos resultara sospechoso o, mejor dicho, peligroso para nuestra identidad. En Argentina, parecer tibio es casi peor que estar muy equivocado. Desde chicos nos fuerzan a definirnos, y con pasión. Hay que tener decisión firme e inquebrantable. Porque claro, lo nuestro no es solo cuestión de opinar: hay que sentirlo, defenderlo, discutirlo hasta el cansancio y si es necesario, sufrirlo.
Lo curioso es que esa forma de ser nos atraviesa en todo, no sólo en el fútbol o la política. Hoy lo vemos en los nuevos medios, en los canales de streaming que heredan esa lógica binaria: Olga o Luzu. Sos de uno o de otro. ¿De los dos? Imposible, inaceptable. Incluso la revista Forbes, con su prestigio global, cayó en ese juego y sacó dos portadas enfrentadas: una con la fundadora de Olga, Bernarda Cella, y otra con la de Luzu, Gabriela Rivero. Portada contra portada: rivalidad asegurada. ¿No hubiera sido más interesante verlas posar juntas? Dos mujeres que lograron reinventar la forma de comunicar, compartiendo un espacio y reconociéndose como integrantes de un mismo fenómeno. Pero no, en Argentina el relato vende más si hay un versus…
Esa polarización extrema nos limita. Nos impide disfrutar de todo lo que tenemos a nuestro alcance, valorar lo distinto, abrir nuestras mentes, reflexionar, mezclarnos, aprender del otro, vivir en esa rica combinación de un poco de acá y un poco de allá. Ahí se nos pierde la oportunidad de explotar todo lo que somos.
Quizás algún día entendamos que no siempre hay que elegir un lado o el otro. Se puede valorar a Maradona y disfrutar de Messi, admirar a Susana, pero entretenerse con Mirtha, escuchar a Charly y a Fito, y también cuarteto, mirar Luzu, pero también algunos programas de Olga. No tenemos la obligación de estar levantando siempre la bandera en todo. No hay traición en tener gustos amplios, sino madurez.
Capaz que ese día logremos, por fin, disfrutar más y pelear menos.